martes, 14 de mayo de 2019

Kentukis

Autor: Samanta Scheweblin
Editorial: Me gusta leer México
ISBN: 9786073176095
Páginas: 224

Sinopsis:
Casi siempre comienza en los hogares. 
Ya se registran miles de casos en Vancouver, Hong Kong, Tel Aviv, Barcelona, Oaxaca, y se está propagando rápidamente a todos los rincones del mundo. Los kentukis no son mascotas, ni fantasmas, ni robots. Son ciudadanos reales, y el problema —se dice en las noticias y se comparte en las redes— es que una persona que vive en Berlín no debería poder pasearse libremente por el living de alguien que vive en Sídney; ni alguien que vive en Bangkok desayunar junto a tus hijos en tu departamento de Buenos Aires. En especial, cuando esas personas que dejamos entrar a casa son completamente anónimas.
Los personajes de esta novela encarnan el costado más real -y a la vez imprevisible- de la compleja relación que tenemos con la tecnología, renovando la noción del vouyerismo y exponiendo al lector a los límites del prejuicio, el cuidado de los otros, la intimidad, el deseo y las buenas intenciones. Kentukis es una novela deslumbrante que potencia su sentido mucho más allá de la atracción que genera desde sus páginas. Una idea insólita y oscura, tan sensata en sus reflejos que, una vez que se entra en ella, ya no se puede salir.

Sobre Samanta Schweblin
Nació en 1978 en Buenos Aires, donde estudió cine y televisión. Sus libros de cuentos El núcleo del disturbio, Pájaros en la boca y otros cuentos (Literatura Random House) y Siete casas vacías obtuvieron, entre otros, los premios internacionales Casa de las Américas, Juan Rulfo y Narrativa Breve Rivera del Duero. Su primera y celebrada novela, Distancia de rescate , fue nominada en 2017 al Man Booker Prize. En 2018, ganó el premio Shirley Jackson y fue elegida por el Tournament of Books como el mejor libro publicado en Estados Unidos. Traducida a más de veinticinco idiomas, Samanta Schweblin ha vivido brevemente en México, Italia y China, y actualmente reside en Berlín, donde escribe y dicta talleres literarios.

Mi Reseña

En el libro nos encontraremos con las historias de varios usuarios de Kentukis, intercaladas capitulo a capitulo, los cuales a pesar de tratarse de temas tecnológicos, resultan bastantes sencillos de leer sin perder el hilo entre una historia y otra, además de contar con cierto ápice de misterio que nos mantendrá expectantes capitulo a capitulo, siendo precisamente esto lo que hizo que no cumpliera del todo mis expectativas, pues esperaba que más de una historia diera un giro que fuera más allá del voyerismo de los usuarios. 

Básicamente, los Kentukis son animales robóticos, quien sea usuario de un Kentuki puede maniobrarlo, ver y escuchar a través de una tableta o computadora gracias a una conexión pre pagada la cual se enlaza al equipo elegido y del cual una vez perdida la conexión no se podrá volver a utilizar para enlazarlo con otro Kentuki. En cuanto a los que son llamados “amos” son los dueños del robot, es decir, quien lo compro para tenerlo como mascota o juguete y que debe de procurar que no sufra algún daño o perderá la conexión y quedara obsoleto. Tanto usuario y amo deben de estar en sincronía para que el objeto logre cargarse, ya que si se termina la batería dejara de funcionar definitivamente, lo que resultara en pérdida para ambos.

La cuestión es si los que tienen al objeto en su casa son realmente los amos como se les hace creer o quien tiene el control es el usuario que está maniobrando al Kentuki, siempre percatándose de lo que hacen en el lugar donde se encuentra el objeto, conociendo las rutinas, los familiares cercanos, gustos, horarios y demás. 

A pesar de ser una historia no muy alejada de la realidad, es triste darse cuenta la necesidad que tenemos las personas de conectar con alguien más, como nos podemos llegar a encariñar con un objeto creyendo que es como una mascotita que nos hace compañía pero que no demandara limpieza ni alimentos, solo un cargador siempre conectado a la corriente y con fácil acceso para que el Kentuki se recargue solo. Es precisamente ese punto el que me hace analizar el comportamiento de las personas, como preferirían tener un objeto a su en lugar de un ser vivo, como piensan que conseguir un Kentuki y ver a través de un aparato los haría estar más cerca de sus familiares, cosa que no sucede pues no se elige a que Kentuki se realizara la conexión.

Ahora veamos el otro extremo, la persona que podría estar las 24 horas “espiando” en otra parte del mundo, cumpliendo las carencias de alguien más y las propias; inclusive la atención a los niños puede ser remplazaba por un Kentuki con el que jugaran u observaran en otro lugar, dependiendo lo que elijan ser. Pero analicemos, ¿No es muy parecido a la actualidad? ¿No se les proporcionan a los niños tabletas o celulares para entretenerse sin estar al pendiente de que es lo que están viendo ahí? Pero que sucede cuando el usuario se percata que en otro extremo del mundo a donde está ligada su conexión está sucediendo algo, algo que no está bien, llámese violencia, delitos, etc, ¿debería de buscar la manera de intervenir o limitarse a observar?

2 comentarios:

  1. Wooorales, suena super bien este libro, es de esos que te hacen pensar si de verdad el ser humano está dispuesto a cruzar ciertas lineas que no deberían de ser cruzadas, jamás había oido hablar él pero si que me lo llevo apuntado

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    1. Es bueno, si lo lees me cuentas que te pareció :)

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